Por Leonel Alejandro Ordaz Hernández

Doña Lolita, mi madre
Me contó mi madre que en paz descanse, que nació en Lagos de Moreno Jalisco y que le pusieron por nombre Dolores Hernández, ella apenas se acordaba porque era muy pequeña que fue hija de una soldadera de la revolución, pero que no recordaba su nombre de esa historia vivida de su existencia solo recordaba que en un descuido de su madre ella fue raptada por una mujer que se la llevó a vivir a la ciudad de México donde a esa temprana edad, pues tenía alrededor de cuatro años, la acompañaba a vender elotes pero dada su corta edad y debido a una distracción de su secuestradora se puso a caminar en las calles de la ciudad de México y ya no supo cómo regresar, perdiéndose entre la multitud que existía en ésa época, así deambuló por las calles hasta que le sorprendió la noche teniéndose que refugiar con los niños voceros que vendían periódicos y que utilizaban los mismos y otros trapos para taparse durante la noche para mitigar en lo que cabía el frío congelante de ese lugar, pero no duró mucho tiempo en esa situación porque continuamente la policía hacía redada para levantar y proteger a esos niños de la calle de las inclemencias del tiempo y en darles alimentos y techo, así fue como mi mamá llegó ante las autoridades quienes la llevaron ante el ese entonces presidente de la república mexicana don Venustiano Carranza, cuando estuvo presente ante la máxima autoridad y estando también presente un militar de ascendencia francesa llamado Federico Nivón(+), al verla don Venustiano le preguntó a don Federico que se hacía con la niña a lo cual contestó que él se haría cargo y que la llevaría a vivir con su familia al estado de Oaxaca en el istmo de Tehuantepec en específico a Salina Cruz, así fue que llegó a vivir con la familia Nivón Bezáres,don Federico Nivón(+) y doña Juana Bezares(+), me contó que doña Juana fue para ella como una madre pues independientemente que hacía los mandados y otras labores del hogar nunca dejó de espulgarle la cabeza, bañarla y mostrarle su cariño, doña Juana tuvo tengo entendido dos hijas muy guapas rubias de ojos claros Dora y Juanita.
En aquellos tiempos y ya siendo mi madre una hermosa joven conoció a mi padre Don Camilo Ordaz Chiñas (+) con el cual inició un noviazgo y como sucede se enamoraron, como era un pueblo pequeño donde la mayoría se conocía, a ella la conocía como la Reina de Camilo dado que era blanca y mi papá un auténtico Oaxaqueño nacido en Tehuantepec Oaxaca, mi madre tuvo como amigas íntimas a doña Felipa(+) y Manuela(+) Toledo, mamá y tía de don Ramón Hernández Toledo hasta ahora dirigente petrolero de la sección 11 del STPRM.
Doña Juana y don Federico se vinieron a vivir a Coatzacoalcos y su domicilio estuvo ubicado en la esquina de Zaragoza y Corregidora, mi madre siempre los visitó en vida hasta que fallecieron, cuando iba a visitarla siempre decía “voy a ver a mi mamá”.
Dora también vivió en Coatzacoalcos en la primera calle de Zaragoza muy cerca de sus padres, ella se casó con un norteamericano llamado Burger(+) que fue un importante ejecutivo de una empresa americana que trabajó en México y Venezuela y que en Agua Dulce Veracruz apoyó a mi padre para trabajar en la compañía que él representaba.
Mi madre Lolita nunca olvidó a don Federico y a doña Juana que a pesar de no ser sus padres la criaron, la educaron y la cuidaron como si lo hubieran sido.
Comentando posteriormente con mi hermana la mayor Sra. María del Rosario Ordaz Hernández me dijo que tenía la certeza que don Federico fue el papá de mi adorada madre LOLITA.