De Salvador Alva:
Rector del ITESM

Por economía de espacio resumo las premisas de las que parto para decir lo que diré.

Primero, no hay forma de que José Antonio Meade gane la elección que viene. He externado antes lo que opino de él. Asumo que el enojo contra el PRI excede al miedo a Morena.

Peor aún, creo que lo que tendría que hacer el PRI para lograr una victoria garantizaría un conflicto postelectoral de una magnitud que nuestra generación nunca ha visto.

Segundo, creo que una Presidencia de López Obrador haría irreversible la brecha que separa a México del mundo desarrollado.

Si escuchamos las propuestas que hizo en sus tomas de protesta, no es sólo un hombre que tiene nulo respeto por las instituciones (¿una nueva Constitución moral?), sino que sus ideas profundizarían las raíces de las grandes barreras que impiden el desarrollo del País.

Escribiré con mayor detalle de éstas en columnas futuras, pero hoy reitero que AMLO es el priista más puro en esta contienda, y haría cambios demoledores, pues tendría más apoyo legislativo del que se cree.

Parte de éste provendría de los sectores tradicionales del PRI. Por eso pacta con Gómez Urrutia y Gordillo. A quienes ven a López Obrador como una posibilidad de cambio, les digo dos cosas: que la reversa también es cambio, y que Morena es el PRI de los 70 con nueva marca, es una mutación embaucadora.

Hoy, sólo Ricardo Anaya podría contender en forma creíble por la Presidencia. Puede derrotar a Morena. Tiene elementos en contra. Es muy joven y tiene poca experiencia. No tenemos claras sus prioridades, pero las conoceremos en los próximos meses.

A juzgar por su toma de protesta (es importante verla), al menos entiende el reto que enfrenta México, no sólo por los enormes problemas internos y por la resistencia de grupos de poder que se verían afectados por cada cambio, sino por la vertiginosa revolución tecnológica que vivimos.

Anaya se ha echado encima a enemigos poderosos, algunos dentro de su propio partido (como Felipe Calderón). Mucho dependerá de que éstos pongan al País por encima de rencillas y rencores. No será fácil.

Hasta ahora creo en sus explicaciones a las acusaciones que cuestionan su solidez moral. ¿Es el candidato ideal? No. Mucho dependerá de que se rodee de la gente adecuada y no sé si lo hará. Ha cometido errores básicos. Pero es un tipo inteligente que escucha.

Creo que podría derrotar al populismo que acecha, tener el pragmatismo y la credibilidad para construir el andamiaje institucional que urge, y para continuar e implementar las reformas estructurales que sí son logros rescatables e importantes de esta administración.

Después del enorme costo político de abrir el sector energético y de telecomunicaciones, y del que tuvo que el Estado recuperara la rectoría de la educación pública, sería criminal dar marcha atrás. AMLO lo haría, diga Romo lo que diga.

La probabilidad de que Peña Nieto y el PRI pacten con AMLO y Morena crece conforme la brecha entre él y quien le siga sea suficientemente amplia y el tiempo se agote.

El tabasqueño los recibiría (y absolvería) con los brazos abiertos. Pero son los electores quienes tienen que despertar, y los empresarios quienes tienen que objetar y contribuir a impedirlo (asumiendo el riesgo de que PRI y Gobierno se molesten).

Ha llegado el momento de que se pongan los pantalones y apoyen al único candidato que podría impedir una victoria de quien, en el mejor de los casos, sumiría a México en un subdesarrollo perenne que perpetuaría pobreza y desigualdad; y que, en el peor, destruiría las frágiles instituciones, dando vuelta en “u” hacia los esquemas autoritarios y estatistas que padeció México por décadas.

Ésta no puede ser una contienda electoral de tres. La estrategia que originalmente diseñó el PRI para poder ganar con la mayor minoría hoy favorece a AMLO. Hay demasiado en juego

De la Redacción: Podría darse el pacto del PRI y MORENA como el que se dio en Veracruz con Javier Duarte.

Y tiene al equipo Salinista entre sus filas.

Alfonso Romo, Manuel Barthlet, Elba Esther Gordillo