TIERRA DE BABEL

Jorge Arturo Rodríguez

El sol amanece cuando estamos dormidos

¿Qué está pasando? ¿Qué pensar? ¿Qué sentir? ¿A quién culpar? ¿Qué hacer? Hay más preguntas que respuestas. Hace unos días un albañil me preguntaba qué era peor si un apocalipsis, la violencia o el desempleo. No supe contestarle. Ahora que nos llueve sobre mojado, nos tiembla sobre arenas movedizas, nos sucede de todo a todos (unos antes, otros después, pero nadie está a salvo), respondo que  nosotros mismos nos estamos aniquilando.

Hay que ser solidarios. Hay que seguir adelante. Hay que vivir. Da miedo, da coraje. La impotencia nos inmoviliza, pero hay que andar, levantarnos, por nuestros semejantes, por nosotros mismos, por el país, por el mundo.

No hay palabras que nos asistan para gritar lo que sufrimos. Sin embargo hay que hacer el intento y clamar fuerte, aunque nuestras gargantas revienten, pero no nuestros corazones. Que sepa el mundo, que sepa México, que sepan nuestras autoridades y políticos que vamos a seguir luchando para que nuestro país sane de tantas enfermedades. Que sepan los delincuentes y cómplices que no estamos muertos, que no tiraremos la toalla, por nuestros hijos, por nuestros nietos, por nuestra querida tierra que nos estamos acabando.

Esta entrega será breve, por las mujeres asesinadas, por nuestros hermanos en desgracia, secuestrados, desaparecidos, asaltados; por los que han sufrido violencia de una u otra forma, por los desvalidos, por los vulnerables –¿quién no?- ante los abusos, prepotencia, impunidad y corrupción.

Elias Canetti, en su novela Auto de fe, escribió, en voz de uno de sus personajes: “¡Qué sería de los médicos si no hubiera enfermos!” De igual modo, ¡qué sería de los políticos y autoridades sin ciudadanos y la pobreza!

A descansar cuando me muera, dijera mi madre. Así que, lectoras y lectores, sigamos luchando, pero unidos. ¿O acaso no se puede?

Un silencio para Mara y demás mujeres asesinadas y desaparecidas. Un silencio para los muertos en los temblores y las lluvias, un silencio para todos nosotros. Después, a seguir gritando: ¡No más este México podrido! ¡No más desgracias! La naturaleza no tiene la culpa. Somos nosotros mismos.

Una amiga me dijo que no pasa nada por donde pasa el Gobernador. Así es, le dije, y agrego: no pasa nada por donde pasan las autoridades, políticos, ciertos empresarios, juniors y malandrines.

Un abogado me comentó que nuestros representantes populares y gobernantes deberían ya no defender y velar los intereses de los partidos que los llevó al poder, si no que de una vez por todas asuman sus puestos para representar y defender a toda la población, a todo el país. Pero ya sabemos la realidad.

Va mi minuto de silencio; tan luego, va mi corazón a seguir luchando desde mi trinchera. El sol amanece cuando estamos dormidos.