Mar05302017

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Se va Elízabeth

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La delegada de la Profeco, Elizabeth Morales García.

El 14 de diciembre pasado, la licenciada Lorena Martínez Rodríguez hizo pública su renuncia como titular de la Procuraduría Federal del Consumidor, que tomó efectos a partir del primer día de este desesperanzador 2016.

Lorena irá a contender a su natal Aguascalientes, en busca de la candidatura de su partido, el PRI, para la gubernatura estatal. Lo hizo así para cumplir con la normatividad electoral, y para darse el tiempo y el espacio suficientes a modo de hacer campaña de tiempo completo en su tierra.

Bien por ella, que tiene muchas posibilidades de superar a su contendiente interno más destacado, el senador y ex alcalde de Aguascalientes -como ella misma-Miguel Romo Medina.

Para el ámbito veracruzano, esta decisión de la aguascalentense tendrá repercusiones en la delegación estatal de la Profeco, toda vez que Elízabeth Morales llegó a esta posición apenas hace algunos meses impulsada por su amiga Lorena, con quien la unen además varias coincidencias. Una de ellas, que ambas fueron al mismo tiempo alcaldesas de las capitales de sus estados natales: una de Xalapa y la otra de Aguascalientes, cuando consolidaron una amistad que ya venía de antes.

Al irse su protectora, Elízabeth queda colgada de la brocha y prontamente será retirada, porque no tiene otro asidero que la haga mantenerse en el puesto.

Y no lo tiene porque pesa en contra de ella la mala imagen que dejó entre sus paisanos xalapeños cuando fue presidenta municipal, al grado tal que tuvo una derrota estrepitosa cuando contendió por el PRI el año pasado para la diputación federal, elección que perdió ante un desconocido Cuitláhuac García Jiménez, hijo de un líder histórico de la izquierda local, Atanasio García Durán, lo que le valió ser nominado por Morena y le alcanzó para sacarse la lotería.

Pero de regreso con Elízabeth, tampoco ha tenido una destacada actuación como delegada estatal de la Profeco, no obstante que tenía todo el apoyo de su amiga íntima, la directora nacional, y por eso se prevé su remoción inminente.

Las delegaciones en Veracruz son un bocado apetitoso en este momento para muchas políticas y muchos políticos veracruzanos, que quieren llegar a la campaña para Gobernador incrustados en un puesto que les sirva de lanzadera para tratar de acomodarse en el próximo Gobierno estatal.

Tan sólo en el Puerto, están pendientes personas muy conocidas allá como Anilú Íngram Vallines, Sergio Pazos Navarrete y hasta Carolina Gudiño Corro, así que más temprano que tarde le dirán a Eli que ella sí está sola, y que tendrá que dejar su sueldo y su oficina para mejores ocasiones.

Pareciera que el futuro de la Morales está en la cercanía con Lorena Martínez, y no faltan los que aseguran que se irá a las tierras hidrocálidas no a disfrutar las intensas noches de la Feria de San Marcos (que tanto le gustan), sino a hacer talacha y campaña con su amigocha.

Ya está listo el mariachi en Veracruz para cantarle las golondrinas a la ex diputada federal, ex conductora de tv, ex alcaldesa y pronto ex delegada.

Adiós, Eli, y que te vaya bien allá tan lejos.

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Ausencia Levet

sglevetSergio González Levet

Un día antes del 18 de diciembre de 2016, cuando cumpliría 95 años, doña Ausencia Levet Lambert decidió hacer definitivo su nombre. Acostada en su casa y en su cama de Martínez de la Torre, se nos fue a un mejor lugar, en donde seguramente estará gozando de la vida, masticando el chicle de marqueta que tanto le gustaba y dándole vuelo a la plática, ella que era tan buena charlista, con sus papás y sus hermanos y su marido que tanto quiso y que se le adelantó sin querer hace más de 30 años.
Era la mayor de tres hermanas y la segunda de seis hermanos, y le pesaba ser la última que emprendiera el viaje sin retorno, a donde ya se habían ido Alfonso y Rubén y Julio, y en donde también está Irene. A los sobrinos Levet nos queda todavía la tía Esther, que llena todos los lugares en donde estén ella o su recuerdo con su bondad, su sonrisa luminosa y su carácter inmejorable.
La tía Ausencia se llamaba así porque el abuelo, don José Onesto Levet Lambert, estaba leyendo una novela cuya protagonista tenía ese nombre, y como le gustó tanto la historia decidió eternizarlo en su familia poniéndoselo a su hija primera. Pero... cosas de la vida, a la abuela Beatriz Lambert se le ocurrió empezar a llamar a la nena por su diminutivo, y se quedó Chita para toda la vida o, para sus 20 sobrinos carnales: la querida tía Chita, y para sus tres hijos: la inolvidable mamá Chita, a quien asistieron y acompañaron hasta el último día de su larga y entrañable existencia.
Sé que Carlos, Arturo y Beatriz Galindo Levet están profundamente tristes por la intempestiva y decembrina ida de su madre, pero también están resignados y consolados ante la seguridad de que ella vivió como quiso, cumplió su ciclo en esta vida y ahora se dispone a estar aún mejor en el lugar en el que esté.
De doña Ausencia Levet Lambert nos quedan muchos recuerdos: su voz femenina y cálida que era una caricia a los oídos de su vasta parentela; el amor por sus padres, por sus hermanos, por su esposo y por sus hijos, que nunca conoció la capitulación; su grata presencia que a pesar de los años siempre recordaba su juventud hermosa de muchacha sana y bien nacida.
Este jueves 17 en Martínez de la Torre -que fue el lugar que eligió para forjar su familia de gente honrada- la tía Chita regresó a ser abrazada por la tierra que tanto quiso, a la que tanto le dio y que tanto le dio a ella, según confesaba a las primeras de cambio.
La vamos a extrañar, vamos a sentir ese vacío cuando pasemos por su casa y ya no esté para saludarnos con su perfecto acento de Coapeche, lugar de la hacienda original de sus ancestros, en donde ella mantuvo su heredad y que ahora conservan sus hijos, mis queridos primos Carlos, Arturo y Beatriz, a los que les reitero la condolencia.
Ya no escucharemos la plática fresca y agradable de la tía Chita, pero al pasar por la casita de siempre sabremos que está finalmente en donde quería, y que no se quedó sola en este mundo, desde donde la extrañamos y le hemos dado el último adiós...
Que te vaya muy bien, tía, lo mereces.

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