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El gurú: lenguaje fáctico (1)

sgl1Por: Sergio González Levet

—Mira bien, MPS ["MPS": Mi Pequeño Saltamontes; seré víctima eterna del humor jodón de mi maestro], y atiende a lo que te voy a decir en esta ocasión, porque es algo importante. Lo es tanto, que tiene que ver con la ciencia de las ciencias, que es la semiología, y con su elemento más trascendental: la lingüística. Vamos a hablar pues del lenguaje, lo que tanto te gusta.

—Antes que otra cosa, señor Gurú [le encajo de regreso una advocación burlona], quiero preguntarle por qué afirma que la semiología es la "ciencia de las ciencias". Estoy de acuerdo con usted en que es subyugante como área de estudio del ser humano, y que su condición de ciencia reciente (tendrá un siglo de existencia, contra los 3 mil años de la filosofía o la matemática embrionarias en Grecia) la hace muy atractiva, pues todavía permite hacer grandes descubrimientos y aportaciones. Pero hay otras ciencias cruciales, como la filosofía, la física, la matemática, la biología...

—Son importantes, ni duda cabe, pero ninguna de ellas tiene esa calidad congregadora de la semiología, en la que caben todas las ideas y todos los logros de la humanidad. Porque todas las cosas que hemos hecho y que vemos a nuestro alrededor tienen un nombre; un nombre que les hemos impuesto nosotros, de acuerdo con nuestro idioma. Comunicarnos a través de un lenguaje es lo que nos hace humanos y nos diferencia de las otras especies. Por eso tu paisano Octavio Paz decía que nuestra especie se podía denominar el mono gramático.

El Gurú se detuvo, se me quedó mirando y nuestros ojos permanecieron en contacto hasta que ambos nos dimos cuenta de que estábamos pensando lo mismo:

—En efecto, —me contestó/dijo con satisfacción—nos fuimos a dar una vuelta por el circunloquio. Ya llevamos casi completa la columna de este día, y aún no empiezo con el tema del que te advertí, sin nombrarlo. Es que a veces es muy sabroso darle

vueltas a algo, sin caer nunca en el asunto preciso que nos ocupa. Eso le encanta hacerlo a los políticos, sobre todo cuando la realidad se aparta de sus intereses y del resultado de sus acciones.

—Bueno, maestro, —le dije— aunque nos hayamos apartado del tema, considero que en lo que me ha dicho hasta ahora he tenido oportunidad de tomar algunas buenas enseñanzas. Y si lo piensa un poco mejor, pues sí hemos hablado de la semiología y del lenguaje, que iban a ser el tema principal de esta charla, ¿no? Así que considero que no hemos perdido el tiempo... o al menos no lo he hecho por mi parte.

—Bien, te diré también para no dejarlo sin decir, que así como considero a la semiología como la ciencia mayor, pienso que lo que algunos denominan ciencias de la comunicación y que enseñan con mucho fausto en las escuelitas de periodismo, se me hacen verdaderas charlatanerías, que puso de moda un charlatán verdadero que se llamó Marshall McLuhan. Este canadiense es reverenciado por muchos que no tienen la profundidad del conocimiento, y lo ven como el padre de las teorías respecto de la sociedad de la información. Y en verdad que son puras pamplinas lo que dijo, como esa famosa frase que todos citan de él, y que nadie sabe a ciencia cierta qué significa: "El medio es el mensaje". Lo más cuerdo que he escuchado como consecuencia de la frase mcluhiana fue un anuncio en una casa de geishas de Tokio: "El medio es el masaje".

—Pero, como te decía... Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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Buganza, la renuncia

sgl1Sergio González Levet

Se pueden decir muchas cosas de Gerardo Buganza Salmerón, buenas y/o malas, pero resulta innegable que es un tipo de ideas firmes y convencidas.

La convicción es su divisa.

Convicción en lo político; convicción en lo personal; convicción en lo religioso.

Por eso no es tan sorprendente su decisión de renunciar a su candidatura independiente, la que trabajó con tanto ahínco, con tantos meses y con tanto denuedo... y a la que le invirtió tantos recursos también.

No obstante, por motivos que pocos conocen ayer cambió radicalmente su percepción, justo cuando estaba a punto de ser registrado como el primer candidato independiente hacia la gubernatura de Veracruz.

Se dio cuenta de que no iba a obtener los votos necesarios para el triunfo. Echó cuentas y vio que los dineros no le iban a alcanzar más. Calculó que otros u otros candidatos iban delante de él.

Y como es hombre de ideas firmes, tomó la decisión de renunciar.

Lo hizo sin presiones -ummm- externas; sin que nadie le recomendara nada; sin que mediara alguna otra voluntad que no fuera la suya, propia, firme, convencida.

No era plan B de nadie. No fue aspirante por encargo. No recibió línea a favor -antes- ni en contra –ahora-.

No obstante, la renuncia de Gerardo Buganza a la candidatura independiente mueve el mapa electoral en Veracruz, y el movimiento resulta a favor del que será abanderado priista, Héctor Yunes Landa.

Las cuentas de los enterados, de quienes saben leer los números reales de las encuestas reales, dicen que Gerardo Buganza iba a atraer una parte del voto que ahora simpatizará con el candidato priista. Y en contraparte, ya no iba a mermar la intención del voto azul en favor de Miguel Ángel Yunes.

Al renunciar a Acción Nacional hace seis años, Buganza escindió al panismo y se llevó con él a un grupo que en su momento fue considerable y abundante. Ese cúmulo de votos se sumó a la candidatura priista en la elección de julio de 2010. Fue notable en la derrota del PAN.

Pero ahora Buganza ya no concita las simpatías azules, porque desde hace años está fuera del que fuera su partido original, como lo están quienes fueron sus seguidores. La intención del voto que hubiera podido tener se ubicaba ahora entre militantes y simpatizantes de otros partidos. Iba a restar votos a Héctor Yunes Landa, no a su primo Miguel Ángel Yunes Linares.

Aunque no le fue sugerida, la renuncia es buena para el PRI y sus intereses. Son cosas de la política, que siempre tiene daños y beneficios colaterales.

No sabemos qué hará en adelante don Gerardo, si seguirá participando en la vida pública o se retirará a sus negocios particulares.

Seguramente seguirá acudiendo a misa y a comulgar todos los días, como es su convicción.

Del mismo modo, es probable que emita su opinión en favor o en contra de los candidatos que perduran en la contienda.

Lo único seguro es que se bajó del caballo porque quiso, aunque benefició sin querer a uno de los candidatos.

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