Mié08232017

Actualizado08:36:48 PM

Back Inicio Columnas En Linea

¡Se murió El Zorro, toda una institución!

sgl1Sin tacto

Sergio González Levet

Orlando García Ortiz, que está tan informado de tantas cosas de Xalapa, de Veracruz y del mundo, me lo contó con la nostalgia que sólo amigos tan antiguos podemos compartir:
—¡Se murió El Zorro, toda una institución!

El gran periodista se refería al bolero que estuvo décadas dando su servicio afuera del Pasaje Enríquez, y que se nos fue en los días de Semana Santa, a la en estos tiempos temprana edad de 70 años.

Yo volteé a ver mis zapatos y me di cuenta de que nunca más podría volverlos a traer tan limpios, tan impecables, tan aparentemente nuevos como los dejaba don Antonio Ortiz García, un verdadero maestro de su oficio, único en la ciudad si me perdonan sus colegas que se esfuerzan día a día en que los xalapeños anden con el calzado reluciente, sobre todo los hombres, pero ahora muchas damitas que usan junto con un femenino pantalón, zapatos o zapatillas que se prestan para la grasa y la crema y el cepillo y la venda.

A El Zorro lo recuerdo desde siempre; desde los años setenta en que vivía yo precisamente en el Edificio Enríquez y él ya tenía su silla y su cajón de bolear, pero sobre todo ese carácter que lo hacía saludarse con toda la gente, alburear a sus amigos, animar a las vendedoras de billetes, saludar a todo el mundo y siempre tener el comentario adecuado, la información precisa, el silbido saludador.

Por 20 pesos, quien se sentaba en la silla de El Zorro obtenía -además de su calzado científicamente aseado- un largo rato para observar el discurrir de la calle más xalapeña de todas, la más céntrica; para conversar con este hombre que sabía de todo lo que pasaba enfrente de su negocio, de su callejera empresa, que le sirvió para levantar a su familia y hasta para ayudar a amigos en la desgracia.

Es más, don Antonio Ortiz se había dado el lujo y el gusto de poner una silla adicional, donde llegaban a sentarse muchos amigos suyos para pasar el rato y platicar con él sobre el mundo inmediato, mientras desempeñaba su impecable labor a ras de suelo.

Con todo y lo modesta que pueda parecer a algunos su profesión de bolero, su vida fue una larga sucesión de hazañas, como sacarle brillo a unos zapatos negros que compré en un mal momento y que sólo él lograba que parecieran presentables, o saber el chisme más inmediato de la ciudad, a mayor rapidez que las más veloces redes del Internet y con mejores detalles, porque era un gran narrador, que con sus palabras casi te hacía sentir que estabas en el lugar del hecho sangriento, de la pelea marital, del pleito entre cófrades.

Se ha ido -y hay que decirlo así- un ícono más del centro xalapeño, más chico en dimensiones corporales, pero del mismo tamaño sentimental del Juanote, que tiene su placa del recuerdo unos metros más adelante.

No sería mala idea decirle al alcalde Américo Zúñiga, tan xalapeño y sensible para las cosas de su ciudad, que don Antonio Ortiz García merece también un homenaje y un monumento por sus servicios a la causa de la distinción de esta ciudad, que se nota en la conciencia limpia de sus buenos habitantes... y en los zapatos limpios que tantos y por tantos años le debimos a El Zorro.

Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Twitter: @sglevet
Facebook.com/sglevet
www.journalveracruz.com

El gurú: lenguaje fáctico (1)

sgl1Por: Sergio González Levet

—Mira bien, MPS ["MPS": Mi Pequeño Saltamontes; seré víctima eterna del humor jodón de mi maestro], y atiende a lo que te voy a decir en esta ocasión, porque es algo importante. Lo es tanto, que tiene que ver con la ciencia de las ciencias, que es la semiología, y con su elemento más trascendental: la lingüística. Vamos a hablar pues del lenguaje, lo que tanto te gusta.

—Antes que otra cosa, señor Gurú [le encajo de regreso una advocación burlona], quiero preguntarle por qué afirma que la semiología es la "ciencia de las ciencias". Estoy de acuerdo con usted en que es subyugante como área de estudio del ser humano, y que su condición de ciencia reciente (tendrá un siglo de existencia, contra los 3 mil años de la filosofía o la matemática embrionarias en Grecia) la hace muy atractiva, pues todavía permite hacer grandes descubrimientos y aportaciones. Pero hay otras ciencias cruciales, como la filosofía, la física, la matemática, la biología...

—Son importantes, ni duda cabe, pero ninguna de ellas tiene esa calidad congregadora de la semiología, en la que caben todas las ideas y todos los logros de la humanidad. Porque todas las cosas que hemos hecho y que vemos a nuestro alrededor tienen un nombre; un nombre que les hemos impuesto nosotros, de acuerdo con nuestro idioma. Comunicarnos a través de un lenguaje es lo que nos hace humanos y nos diferencia de las otras especies. Por eso tu paisano Octavio Paz decía que nuestra especie se podía denominar el mono gramático.

El Gurú se detuvo, se me quedó mirando y nuestros ojos permanecieron en contacto hasta que ambos nos dimos cuenta de que estábamos pensando lo mismo:

—En efecto, —me contestó/dijo con satisfacción—nos fuimos a dar una vuelta por el circunloquio. Ya llevamos casi completa la columna de este día, y aún no empiezo con el tema del que te advertí, sin nombrarlo. Es que a veces es muy sabroso darle

vueltas a algo, sin caer nunca en el asunto preciso que nos ocupa. Eso le encanta hacerlo a los políticos, sobre todo cuando la realidad se aparta de sus intereses y del resultado de sus acciones.

—Bueno, maestro, —le dije— aunque nos hayamos apartado del tema, considero que en lo que me ha dicho hasta ahora he tenido oportunidad de tomar algunas buenas enseñanzas. Y si lo piensa un poco mejor, pues sí hemos hablado de la semiología y del lenguaje, que iban a ser el tema principal de esta charla, ¿no? Así que considero que no hemos perdido el tiempo... o al menos no lo he hecho por mi parte.

—Bien, te diré también para no dejarlo sin decir, que así como considero a la semiología como la ciencia mayor, pienso que lo que algunos denominan ciencias de la comunicación y que enseñan con mucho fausto en las escuelitas de periodismo, se me hacen verdaderas charlatanerías, que puso de moda un charlatán verdadero que se llamó Marshall McLuhan. Este canadiense es reverenciado por muchos que no tienen la profundidad del conocimiento, y lo ven como el padre de las teorías respecto de la sociedad de la información. Y en verdad que son puras pamplinas lo que dijo, como esa famosa frase que todos citan de él, y que nadie sabe a ciencia cierta qué significa: "El medio es el mensaje". Lo más cuerdo que he escuchado como consecuencia de la frase mcluhiana fue un anuncio en una casa de geishas de Tokio: "El medio es el masaje".

—Pero, como te decía... Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Twitter: @sglevet

Facebook.com/sglevet www.journalveracruz.com