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DIF Veracruz, la otra inteligencia

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Sergio González Levet

Hay dos tipos de hombres en el mundo: unos, los que admiten que sus mujeres demuestran una mayor inteligencia y tienen una visión mejor sobre muchos asuntos importantes de la vida, y otros, los que mienten.

Yo no soy de los que creo que la mujer sea en general más o menos inteligente que el hombre. Considero que hay mentes brillantes de uno y otro sexo, así como hay verdaderos ejemplares de tontos, sin que importe el género.

No obstante, sí creo que la mujer tiene una visión diferente de la vida y por consecuencia ve aristas en muchos asuntos que un hombre ni siquiera alcanza a imaginar. Y eso es por varias razones.

Una fundamental es que las damas han tenido que luchar por milenios contra la preeminencia del hombre, y que han tenido que dar una verdadera lucha sin cuartel para ocupar espacios que por siglos les fueron vedados, aunque se los merecían. Eso, en todos los órdenes de la vida, desde el doméstico hasta el laboral, el social, el político, el económico, el científico... uff, en todos lados.

Otra, es que la mujer al ser madre se convierte en una especialista en resolver los más complejos problemas cotidianos, como educar a sus hijos, cuidarlos en su hipermovilidad, salvarles la vida a cada momento y hacerlos mujeres u hombres de bien. Esa actividad las hace veloces, potentes, geniales e imaginativas (lo que creo que ya traen por naturaleza).

Sin duda, una buena madre es una gran ejecutiva.

Bienaventurado el hombre que tiene a su lado a una mujer inteligente, y que sabe apreciar los inmensos recursos intelectuales con que cuenta, tan sólo con escuchar y atender los razonamientos de su pareja., muchas veces llenos de cordura, de astucia, de revelación.

Y la mujer que puede actuar con toda libertad y expresarse en todas sus potencialidades, es portadora de una enorme productividad, tanto en lo intelectual cuanto en lo pragmático...

Por eso vale la pena asomarse al DIF de Veracruz, en donde durante los últimos cinco años y meses han campeado la inteligencia, la buena marcha y la efectividad, gracias a que la Presidenta del Patronato, Karime Macías Tubilla, ha hecho valer su capacidad y se ha dado su lugar para hacer de la asistencia social una de las fortalezas del Gobierno del Estado.

Y para más, la esposa del Gobernador de Veracruz ha intervenido discretamente en otros temas gubernamentales, lo que implica que varias áreas han contado con sus opiniones diversas y certeras.

Señoras como Karime son las que mejor aportan a la lucha de emancipación de la mujer, a un lado de feminismos a ultranza y de posturas irreductibles en contra del hombre.

Hay una gran cantidad de veracruzanas que están dando la batalla por la igualdad de los géneros. Luchan y se esfuerzan y ganan espacios.

Karime Macías representa un buen ejemplo de ellas, hay que reconocerlo.

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¡Se murió El Zorro, toda una institución!

sgl1Sin tacto

Sergio González Levet

Orlando García Ortiz, que está tan informado de tantas cosas de Xalapa, de Veracruz y del mundo, me lo contó con la nostalgia que sólo amigos tan antiguos podemos compartir:
—¡Se murió El Zorro, toda una institución!

El gran periodista se refería al bolero que estuvo décadas dando su servicio afuera del Pasaje Enríquez, y que se nos fue en los días de Semana Santa, a la en estos tiempos temprana edad de 70 años.

Yo volteé a ver mis zapatos y me di cuenta de que nunca más podría volverlos a traer tan limpios, tan impecables, tan aparentemente nuevos como los dejaba don Antonio Ortiz García, un verdadero maestro de su oficio, único en la ciudad si me perdonan sus colegas que se esfuerzan día a día en que los xalapeños anden con el calzado reluciente, sobre todo los hombres, pero ahora muchas damitas que usan junto con un femenino pantalón, zapatos o zapatillas que se prestan para la grasa y la crema y el cepillo y la venda.

A El Zorro lo recuerdo desde siempre; desde los años setenta en que vivía yo precisamente en el Edificio Enríquez y él ya tenía su silla y su cajón de bolear, pero sobre todo ese carácter que lo hacía saludarse con toda la gente, alburear a sus amigos, animar a las vendedoras de billetes, saludar a todo el mundo y siempre tener el comentario adecuado, la información precisa, el silbido saludador.

Por 20 pesos, quien se sentaba en la silla de El Zorro obtenía -además de su calzado científicamente aseado- un largo rato para observar el discurrir de la calle más xalapeña de todas, la más céntrica; para conversar con este hombre que sabía de todo lo que pasaba enfrente de su negocio, de su callejera empresa, que le sirvió para levantar a su familia y hasta para ayudar a amigos en la desgracia.

Es más, don Antonio Ortiz se había dado el lujo y el gusto de poner una silla adicional, donde llegaban a sentarse muchos amigos suyos para pasar el rato y platicar con él sobre el mundo inmediato, mientras desempeñaba su impecable labor a ras de suelo.

Con todo y lo modesta que pueda parecer a algunos su profesión de bolero, su vida fue una larga sucesión de hazañas, como sacarle brillo a unos zapatos negros que compré en un mal momento y que sólo él lograba que parecieran presentables, o saber el chisme más inmediato de la ciudad, a mayor rapidez que las más veloces redes del Internet y con mejores detalles, porque era un gran narrador, que con sus palabras casi te hacía sentir que estabas en el lugar del hecho sangriento, de la pelea marital, del pleito entre cófrades.

Se ha ido -y hay que decirlo así- un ícono más del centro xalapeño, más chico en dimensiones corporales, pero del mismo tamaño sentimental del Juanote, que tiene su placa del recuerdo unos metros más adelante.

No sería mala idea decirle al alcalde Américo Zúñiga, tan xalapeño y sensible para las cosas de su ciudad, que don Antonio Ortiz García merece también un homenaje y un monumento por sus servicios a la causa de la distinción de esta ciudad, que se nota en la conciencia limpia de sus buenos habitantes... y en los zapatos limpios que tantos y por tantos años le debimos a El Zorro.

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