Mar05302017

Actualizado09:05:32 PM

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El debate

sgl1Sergio González Levet

Bien se vio Olmeca TV de Coatzacoalcos con la organización del primer debate de los candidatos a la gubernatura de Veracruz, al que asistieron puntualmente seis de los siete aspirantes.

Juan Bueno Torio, Armando Méndez de la Luz, Alba Leonila Méndez Herrera, Alejandro Vázquez Cuevas, Héctor Yunes Landa y Miguel Ángel Yunes Linares hablaron durante dos horas de sus propuestas en su papel de candidatos, y como debiera ser lo normal en este tipo de encuentros, criticaron a sus oponentes con todo lo que les dio la imaginación y la información, según el caso.

Cuitláhuac García, de Morena, decidió no asistir, sus razones tendrá, pero la idea general es que desaprovechó la oportunidad de dar a conocer su proyecto (hay quien dice que llegaron a pensar en mejor mandar al debate a la botarga de Manuel López Obrador que lo acompaña permanentemente, junto con el propio Peje).

Obvio, el enfrentamiento mayor se dio entre los dos rivales menos débiles, los que encabezan sendas coaliciones: Héctor y Miguel Ángel, pero también se vio muy aguerrida Alba Leonila Méndez en contra de su excompañero de partido Yunes Linares.

Los priistas dicen que el debate lo ganó de calle Héctor Yunes Landa, porque le sacó a relucir la ropa sucia que le atribuyen a Miguel Ángel Yunes Linares de su pasado priista, así como de su actuación como Secretario de Gobierno de Veracruz con el gobernador Patricio Chirinos y como Director General del ISSSTE con el presidente Felipe Calderón. Pero que lo más importante fue la exposición que hizo de sus propuestas -viables y razonables- para mejorar la calidad de vida de los veracruzanos.

Los panistas y perredistas aducen que Miguel Ángel Yunes Linares se defendió bien de los señalamientos y que contraatacó con certeza, y de ahí concluyen que se levantó como el ganador de este primer ejercicio de confrontación de los candidatos.

Los petistas y toda la gente de Plan de Arroyos y mucha gente de Atzalan y varia gente de Misantla, Martínez y Tlapacoyan están contentos con la actuación beligerante y/o propositiva de Alba Leonila, y la declaran vencedora.

La gente de Dante y la izquierda pensante opinan a favor de Armando Méndez de la Luz, que hizo propuestas inteligentes como es él, aunque le faltó la carnita de los señalamientos contra sus oponentes, que atrae el interés del gran público.

Los familiares de Juan Bueno Torio y algunos de sus seguidores lo vieron como el mejor del panel por su seriedad y su aplomo ante la cámara. Digamos que si la competencia hubiera sido de histrionismo, habría obtenido el primer lugar.

Gonzalo Guízar y los escasos seguidores del PES no se convencieron mucho de la participación de su candidato el Pipo Vázquez (como que lo suyo son los espectaculares, no la televisión), aunque como es de esperarse insisten en que fue el mejor.

Lo cierto es que el verdadero ganador fue el votante veracruzano, que tuvo una oportunidad inmejorable de escuchar de viva voz a (casi todos) los candidatos, y así hacerse una idea mejor para tomar la decisión que dará rumbo a Veracruz el próximo 5 de junio.

Y muy bien por la colega Yadira Gutiérrez Mateos, quien se condujo con profesionalismo como conductora de este debate histórico, que fue posible gracias al grupo de comunicación que comanda el ingeniero Arturo Luna Modesto.

Que haya más como éstos.

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Cuidado con las encuestas

sgl1Sin Tacto

Sergio González Levet

Las encuestas bien hechas y serias son un instrumento de medición científico que sirve para tomar decisiones a partir de la información obtenida. Parten de la teoría de la probabilidad y su característica es que como están basadas en esquemas matemáticos probabilísticos, a partir de ellas es posible establecer resultados que tienen confianza y precisión.

Pero el uso y abuso de la información surgida de encuestas se ha convertido en un recurso mercadológico que utilizan varios candidatos como una forma de convencer al público votante de que gozan de la preferencia mayoritaria, con el objetivo de crear una inercia a su favor.

Platico con el doctor Héctor Coronel Bricio, siempre interesante en lo que dice, y me revela los alcances, las limitaciones y las desviaciones que pueden sufrir las encuestas electorales, tan de moda en estos tiempos de campaña.

Bueno, el doctor Coronel no es un médico cirujano como lo fue su padre tan recordado, el doctor Pedro Coronel Pérez, o lo es su propio hermano Pedro. No, don Héctor es actuario y tiene un doctorado en Estadística Matemática, que logró después de estudiar arduamente en la Universidad Simon Frazer, en la Columbia Británica de Canadá. Además es miembro del Sistema Nacional de Investigadores en el área de ciencias físico matemáticas.

Así que sabe lo que dice sobre el tema. Y lo sabe como pocos. En adelante, les dejaré su docta palabra.

Más que encuestas, lo que se hace mayormente son sondeos de opinión, que pueden ser útiles a los equipos de campaña para tener una idea aproximada de cómo va su candidato en la preferencia, pero que no son tan precisos ni confiables como las encuestas científicas.

Una encuesta seria debe establecer la forma en que se recolectó la información y debe responder a un esquema de probabilidades bien definidas. Por ejemplo, haciendo una selección al azar de los encuestados, para evitar el sesgo de la respuesta si se pregunta sólo a un estrato de la población.

La encuesta tiene que establecer -mediante métodos estadísticos aplicados por especialistas en modelos de probabilidades- el grado de confiabilidad del ejercicio, que generalmente debe ser de 95%.

Y una última característica es que debe especificar el grado de precisión, es decir, en cuántos puntos porcentuales puede variar su percepción (+ - 3, por ejemplo, lo que significa que si un candidato obtiene un 30% en una variable, se coloca en un rango entre 27 y 33%; si la diferencia entre dos candidatos es menor a la variación estimada, es cuando se dice que están en un empate técnico).

Por otra parte, una encuesta puede tomar en cuenta una gran cantidad de variables, que servirán para garantizar un resultado más certero. Mientras más variables se apliquen, mayor precisión tendrá.

Estas variables pueden ser el género de los encuestados, su nivel de estudios, su lugar de residencia, su condición económica, su edad, etc.

Y también es crucial el tamaño de la muestra. En el caso de las encuestas electorales en Veracruz, lo recomendable es preguntar de 800 a 1,200 personas, y en el caso de que se haga por estratos, hacerlo con unos 400 ciudadanos por cada uno de ellos.

No faltan los que inventan encuestas y las tratan de disfrazar afirmando que se utilizó algún medio científico en la aplicación. Sin embargo estos fraudes son fácilmente detectables por un experto. Hay una validación, que es la auditoría estadística, mediante la cual se detecta la congruencia y la consistencia de una encuesta.

Así que una encuesta científica debe segur un estricto protocolo y usar una metodología específica.

¿Cuántas de las encuestas tan publicitadas en estos días cumplirán con estas exigencias científicas?

¡Cuidado con ellas!

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